jueves, junio 24, 2010

Capítulo uno

Siempre he tenido suerte con las fumadoras. No es que me gusten, todo lo contrario. Me desagrada el sudor de su lengua pero, las absuelve su habilidad y (debo admitirlo) la nostalgia.


Se llamaba Jeannette.

Le debo la primicia del Templo, la iniciación vestal, la puerta de la agonía. El secreto vacío incautado por sus labios clandestinos.

Ya sabes que fumaba. Sus ojos asediaban la distancia entre nosotros mientras el humo bailaba un sueño de enredos en su pelo rebelde. Como su amor.

Siempre jugó a negarnos, a ser la perseguida fatigada por el hastío claudicando su okei desinteresado. Guaréber. Su lengua nunca conspiró contra el deseo: la más deliciosa traición.

Sí, dije que fumaba.

Y el delirio nos llevó a los gemidos, y los gemidos nos llevaron a la espera, y la espera llegó manchada de dudas, y la duda se cubrió de hastío y el hastío quedóse esperando.


¿Con qué nombre llamaremos a nuestra insistencia vedada en esas medianoches furtivas? Sólo sé que en humo son sus trazos. Como ánfora sin su ave verde. Como laberinto sin sus alaridos. Como alas sin sol de cera.


Publicado en www.jurutungo.blogspot.com

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