domingo, marzo 11, 2007

Memoria de un olvido

A veces andamos repitiendo
las sombras abzurdas a nuestra derecha.

A veces reímos, doblando
los conjuros repletos de memoria gastada.

A veces salimos y, la mañana
golpea las esquinas de las sonrisas calavéricas.

A veces esperamos en Silencio
los gritos ingenuos del ingenio moribundo.

Pero siempre,
rondamos las horas nunca eternas
en que nos olvida el Olvido.

27 II 07

DC

viernes, marzo 09, 2007

De venir

Regreso, pero no es regreso.
La dirección nunca ha importado.
El dónde fluye desde la mirada
perdida, sin huellas, sin sombra.

Regreso, pues ya no es regreso.
He estado aquí, acá, allí, allá,
más acá o más allá.
Pero nunca más aquí.

Regreso, aunque solo al regreso.
Hasta el día en que
el cansancio decida
abandonar este tren
donde huyo hacia el Olvido.

5 III 07
DC

domingo, marzo 04, 2007

One of U.S.




A Al, por lo que nos diferencia

Eso ya lo sabía,
que el color no nos une
ni nos igualiza.

Mi carimbo de mulato
arde con la incertidumbre
de quien no pertenece
a tu mundo,
ni a ese otro,
Al que ambos no entramos.

Ya lo sabía, hermano,
que en la primera
parada dejamos de ser familia.

Mis guerreros y tu fantasma sacro
se miran de reojo.

Lo sabía.
Conservo la mancha caínica
de aquellos que
cargamos el yugo
de todavía
tener amo.

¿Sabías?

Despedida a una despedida

Nos ha llegado a la redacción de Jurutungo Press Release el siguiente comunicado y lo hemos reproducido como ser vicio público.
El Editor

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Que lo iba a hacer lo iba a hacer. Pero no sabía si quería hacerlo. Ya es hora de colgar el pecho tras la gabardina y caminar de la mano al parque. Siete adioses que se quedan marcando una página. El ciclo sujeta a la hora de nuevo. Regresa el plenilunio. No es que te olvide, mami, es que Narula nos espera. Tras siete adioses vienen siete bienvenidas. Bienvenidas sean. Les dejo mis adioses pasados y mis esperanzas venideras.
Adal, con la ventana abierta
marzo 2007

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Mami:

Otro año que engorda tu ausencia. Y aquí sigo, enflaqueciendo ese Silencio que tanto me ha amordazado. Hace siete años que hablo con todos y tú no me escuchas. Siete años que repito a gritos este adiós mudo que se quedó conmigo. Siete intentos, setenta veces siete. Hoy tengo a mi hija en mis brazos y tu ausencia en el pecho. Te quedaste con las ganas de conocerla. Tantas veces que la deseaste en voz alta, y hasta (sospecho) le cosiste un par de trajecitos azules. Sé que ella te hubiera hecho feliz. Que hubieras viajado hasta el fin del mundo con tal de tenerla en tus brazos, aunque hubieras tenido que arrastrar a la familia buscando zapatos cómodos. También sé que te hubiera sonreído. Mucho. ¿De qué hablo? De nuevo un año que paso sin ti, de un nuevo año que comienzo con ella. Que más puedo decirte, mami, se llama Inarú Isabel Beatriz y es hermosa. Le hablo de ti. Y me sonríe.

Adal, con siete remesas de quizáses ================================================


Hola,

Tal vez te extrañe esta carta. Ya te veo frunciendo el entrecejo mientras te acomodas los lentes sobre tu sonrisa. Sí, ya sé, el eterno comentario sobre tus ojos que ya no ven y que terminarán comiéndose los cuervos que criaste. Aprovechas mi silencio para preguntarme si ya comí, te contesto evasivo que sí adelantándome a tu qué comiste un arroz de sobrecito con pollo sancochao. Y me dices que en el friser hay garbanzos con patitas que me guardaste de antier. Te digo que está bien, y callo por no herirte que no pude comerme los garbanzos que me dejaste en el friser. Tampoco te digo que no he vuelto a comerlos porque son malos para el corazón. Sé que hay muchas cosas que nunca te dije. A veces me arrepiento. Aprovechas para preguntarme si estoy buscando de dios, que tengo que vivir la Palabra si quiero ser salvo. No me creerás si te dijera que nunca he dejado de buscarlo y que siempre intento vivirla. Supongo que heredé de ti más de lo que es posible. Hace años que sueño contigo a diario. Tal vez por eso no dejaste que te dijera adiós. Testaruda que eres. Muchos son los días en que sólo quiero acostarme a tu lado. Tal vez por eso duermo poco y ando mucho. Testarudo que soy. Pocos son los días en que no dejo de no verte aferrada a mi sombra. Tal vez por eso esta perseverancia de ad- herirnos simultánea- mente a nuestros olvidos. Testarudos que somos. Mami, ya sé que tus ojos ya no ven como antes, y que los cuervos que criaste los digieren. Sólo queria decirte que me acompaña tu ausencia cada día, cada hora. Que ya no como garbanzos con patitas porque los que me dejaste en el friser sólo saben al entierro donde guardas tu adiós. Y que, aunque no me creas, trato de vivir la Palabra y sigo buscando a dios sin lograr salvarme. Mientras, sueño el momento en que por fin, me acuesten a tu lado.
Te extraño,
Adal, desde el sexto aniversario de tu muerte

medallero wrote: Date: Thu, 03 Mar 2005 08:53:46 -0000From: "medallero" To: medallero@yahoo.com

Subject: Fwd: Despedida a una Madre

Saludos, Sé que he estado desconectado un tiempo, y tal vez no sea propicio re iniciar mis embelecos con esto. Pero hay un algo que me empuja inexorablemente a golpear estas teclas con hastío. Tras tanto tiempo aprendiendo a ser nadie me he dado cuanta de lo mucho que cuesta pensar que con tan sólo una Palabra me hubiera bastado hundirme en su regazo y dormir en paz. Hoy sé, creo saberlo, que ciertas palabras debieran proscribirse de los diccionarios, aunque con ello corramos el riesgo de retozar en una quimérica esperanza, mientras el mundo agoniza a nuestro lado. Le digo adiós ante uds, ya que nunca pude dejarle un beso en su mejilla de nácar. Que tengan una hermosa vida. Adal, arrancando las paginas del Olvido Hola, Hoy se cumple el 4to aniversario de la muerte de mi madre. He cruzado 3 continentes desde entonces, y todavía me acompaña ese vacío que me dejó. Golpeo estas teclas con hastío. Quisiera abrir la ventana y arrojar palabras a la calle con la esperanza, patética tal vez, de golpear a muerte ese silencio contínuo y malholiente que horada mis huesos.El mismo que me recibió aquella otra noche hace 4 años. Quisiera, quesé era. En fin, hoy le digo adiós ante ustedes, porque nunca se lo pude decir a ella. Que tengan una hermosa vida.

Adal, con el dolor amurallado

Subject: Fwd: Despedida a una Madre

Hola, sé que he estado desconectado desde hace bastante tiempo, y este tipo de ritual tal vez no sea el apropiado para re iniciar esta conversación entre las teclas y mis dedos que me impuesto en solitaria penitencia. Pero a veces el rito devora a la razón como el espejo aun espejismo de lados oblicuos y puntiagudos. Hace casi 3 semanas se cumplió el 3er aniversario de la partida de quien me enseñara La Palabra. Claro que su Palabra y la mía contrapuntean los altos y bajos de una esperanza patética que nos devuelve a la irrealidad vivida por quienes decidimos, de una forma u otra, beber de esa fuente obstusa que es el pensar un quizás, un tal vez, un quisiera. Y mi Palabra repite la suya en negaciones sempiternas y cosmocionales. Afirmando lo que ya sabemos que ignoramos. Una Palabra, una sola me separa de ella, y sigo escupiendo diccionarios a mansalva con la fe de que algún día alguna página manchada con mi vacío llegue a sus venas y las llene de todo lo que se llevó. Mientras tanto, quedo aquí frente a esta pantalla con un saco lleno de soledad, con la única Palabra que no pude decir: adiós. Que tengan unahermosa vida. Adal, con un adiós a cuestas

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Saludos,
Hoy es el 2do aniversario de la partida de mi madre. Umbral de imposible olvido, de difícil recuerdo. Tal vez recordando caminamos esa distancia amarga que nos señala el olvido, u olvidando recordamos la distancia ínfima que nos une al recuerdo. Nada es más ambiguo que la palabra, dijera algún palabrero amigo. Nada es más ambiguo que el recuerdo de la voz que te enseñara esa primera palabra y muchas más, le respondo ambiguamente con esas mismas palabras ambiguas que aprendiera, hace tanto tiempo. Ahora, en la ambiguedad del recuerdo, comparto con ustedes esa última palabra que le dijera entonces, y que no pudo escuchar. No sé que me impulsa a hacerlo, tal vez la esperanza ambigua que de algún modo misterioso, el eco de mi adiós retumbe entre nosotros y llegue, como caricia primera, hasta ella. O tal vez sea sólo un ambiguo homenaje, hecho con lo único que me queda, esa primera palabra que aprendiera de sus hoy lejanos labios. Que tengan una hermosa vida...

Adal, recordando despedidas ambiguas


Jelou!!!
Hoy se cumple el primer aniversario de la partida del ser que hizo de mí la persona que ustedes quieren, aman, extrañan, o más honestamente, detestan. No sé que cierto impulso animista me incita a hacerlo, pero he decidido re- enviar aquel mensaje de despedida que en aquella ocasión escribí, no para ella, que ya no puede leerlo, si no para ustedes. Tal vez crea (o sepa, o quiera creer), que de alguna incógnita manera, nuestras energías sumas llevarán el mensaje leve y quedo, mi mensaje de espera. Pórtense bien y que tengan una hermosa vida.

Adal, recordando despedidas

Saludos:
Quiero expresar mis más sinceras gracias a todos/as aquellos/as que me hicieron llegar sus condolencias por la partida de mi madre. Es duro y doloroso saber que ya no estara allí en casa para recibirme cuando vaya, o que nadie me pelee por las loqueras que hago. Pero en fin, la muerte no es un final, si no un paso más, una etapa de una larga vida donde se termina una jornada y se prepara para otras. Quiero compartir con uds. mi despedida a ella. No pude llegar a tiempo al hospital para decirle hasta luego y darle las gracias por todo lo que hizo por mí, así que he decidido decir mi adiós para que el mundo lo lea. Nos leemos luego.
Adal

Despedida

Vi tu flor marchitarse lentamente y torné mi vista hacia el horizonte de piedra gris que nos envolvía. Llegué hasta ti sin ruido, como siempre, para no despertarte. Me sonreiste calladamente con tus brazos al pecho, tal y como dormías en noches sin luna. Te dije hola y respondiste con una primera mirada fría y lejana, como un adiós de buques fantasmas. Toqué tus pies, fríos, enfermos, los mismos pies que te trajeron a mi mundo, con mis manos tibias de despedidas. Un pétalo se desprende de tus ojos y devuelve la pálida luz selena en un grito sosegado. Te miro dormir, y siento, me dices, que de alguna manera invertimos nuestros cuerpos. Recuerdo un sueño lejano donde me abrazabas y reías mientras yo lloraba. Nada ha cambiado. Recuerdo tus recuerdos a pedazos y sin orden de recordar. Todo cambia. Tu flor despide un aroma nuevo y repugnante que intento olvidar en mis recuerdos. Te digo hasta luego, y solo tu fría sonrisa perenne y nueva me responde con un quizás, tal vez... yo sé. (Este solo grito sosegado recorrerá el mundo y volverá a mí, en un eco lejano e íntimo, como el brillo quedo de un pétalo moribundo.) Cuando despiertes de este sueño, madre mía, estaré abrazándote con mi risa en un jardín lleno de gardenias. Yo reiré con el olor de tu llanto, y tú llorarás porque tal vez recuerdes (sólo, tal vez), que de alguna manera, volvimos a invertir nuestros cuerpos...

Marzo 9, 1999
Que regreses con mucha paz.


=="Hay una correspondencia fatal entre el cuento y la vida, entre el pasado y el destino, entre los poetas y los hombres, entre el amor y la muerte. Pero solo, tal vez. Nada es más ambiguo que la palabra. Ni siquiera los espejos. Y sin embargo sólo nos sirven las palabras como espejosde nuestros tiempos.
Manuel Ramos Otero "El cuento de la mujer del mar"

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"Algunos hombres somos como tinta, y otros somos como papel. Y sino fuera por la negrura de unos, algunos seríamos mudos. Y si no fuera por la blancura de unos, otros seríamos ciegos."
Khalil Gibran

"Soy candidato al inventario de la omisión..." Silvio Rodriguez

"Time seeks vengeance for the pleasures we enjoy" Saadi

sábado, febrero 24, 2007

Carta a un ser de barro

Sí, lo sé. Parecen tan lejanos esos días en que paseábamos tomados de las manos. ¿Recuerdas esas tardes de vicios escondidos, cansancios sulfurados, escamas removidas? ¡Qué lejanos parecían entonces estos días! Tan concentrados en hacernos, con el descuido de quien nada cuida, nada reclama. Goteando nada tras nada hasta quedarnos en esta nada compartida. Tan lejana.

¡Si vieras todas esas huellas que cargo en la espalda! ¡Si supieras de los mares que han sumergido mi vuelo! ¡Si te imaginaras la veteranía cernida tras cada invierno! ¡Si soñaras en mis sueños! ¡Si entraras!

¿Sabes? A veces pregunto si tú también faxcimilizas esas noches cuando estaba ausente tu ausencia.

Sigo alimentando con tinta esta lejanía para que su hambre no me devore.
No te devore.
No nos devore.

Al final de lo eterno siempre espera el Olvido.
Nunca lo olvides.

domingo, febrero 18, 2007

Always something exciting!

Cada mañana compartimos

- en el mismo silencio -

las miradas perdidas

por los vecindarios

escurridizos a media luz.

Cada mañana nos

convertimos en siluetas

paralelas en esta

caja estéril que

traga y escupe

nuestros Destinos

en perfecto esquédiul

dogmático,

ensimi(s)mado.

Cada mañana,

com- partimos.

11 XII 06

martes, febrero 13, 2007

Febrilidades

A tí, que nunca llegarás a ser lo que eres.

Llego al concurrido bar y busco instintivamente la misma esquina de siempre, la que acomoda mis miradas, mis pensamientos. Allí esta mi silla, pido lo mismo, cerveza con mucha tristeza y observo las almas humanas a mi alrededor. Se esconden, surgen, se disipan, vuelven y te abrazan en una nube densa de lejanías y disfraces. Tanta risa, tanta discordia oculta, se pasea entre risas de mareadas en humo de olvido. Me siento cerca del zafacón, como siempre, a sorber y a observar. Un alma humana se acerca cojeando lentamente, sus ojos vacíos de órbitas y deseos parecen mirar a través de mí hacia un punto indeterminado de su pasado, o de su futuro. Unas lágrimas secas, olvidadas, cuelgan de sus ojos vacíos de llanto. La miro, parece mirarme, y digo ¡mira! Se detiene como por instinto, busca a su alrededor sin mirar y con angustia. Se palpa el pecho, como para comprobar que aún siente el eco de su cuerpo. Pasa a mi lado y llega hasta el zafacón, lo mira con ojos vacíos de odio, con ojos vacíos de misterio, con ojos llenos de dolor. Mira a través de él, como si quisiera llegar al fondo de su colección plástica, metálica, espiritual. Tose, y entre las comisuras de sus labios surge un hilo tenue y cortante de sangre oscura, negra, pestilente. Repite. Se lleva sus manos torpemente a la boca, en gesto de cubrirla, o de abrazarla. Observo detenidamente sus lágrimas secas y olvidadas estremecerse entre el humo de la duda y pienso irremediablemente sobre la noche en que nació la miseria.

Sus dedos de barro se llenan de la misma sangre oscura y pestilente que le da vida. De su boca sale en contracciones lentas de su ser vacío de todo furor vital, una masa informe y viscosa, latente de vida, carente de origen. Con un sordo esfuerzo expele su ser. Con un solo aliento lo observa. Con una sola lágrima seca y olvidada lo abraza.

Busca con desespero silente entre la basura. Busca desesperada. Busca su vida, una excusa, un porqué. Lo encuentra, lo abraza, lo llora. Un poema estrujado en una servilleta olvidada. Vuelve a la vida, vuelve a nacer.

miércoles, febrero 07, 2007

Magia Irredenta

El viejo hechicero posó su vara sobre la mesa cubierta de papiros y pergaminos. Rascóse su nívea barba eterna y murmuró con tono de cansancio y fastidio la Palabra arcana de su frustración. Tomó entre sus dedos de árbol añejo un pergamino cualquiera y recitó de memoria mil más. Vencido, sentóse en su sillón, tan viejo como él, y revivió su vida en un recuerdo fugaz. Sus años de mago aprendiz, su maestro que le legara su búsqueda de siglos frustrada, desde ese mismo sillón en que hoy recuerda, ya entonces antiguo, como su búsqueda tantas veces heredada. Repasó con vista de impotencia los ingredientes alquimios dispersos por su guarida: el interior de la caja de Pandora, el pezón de una sirena desencantada, una pluma de Ícaro, la huella de un unicornio moribundo, un pedazo de espuma marina, los ojos de Edipo. Sobre un estante descansaba su último componente. Contenido en un jarro de barro, inscrito de runas proscritas por la eternidad, el líquido escarlata palpitaba aún con el ritmo del corazón que una vez lo contuviera. Un dolor de bestia con alma humana, o un olor de hombre sin nombre. Apartó su vista del adefesio al recuerdo del grito del minotauro desangrándose bajo su hechizo. Con sumo esfuerzo levantóse del sillón y encaminó sus pasos hacia la puerta sellada hacía mil años. Mientras escupía una Palabra de despecho masculló una maldición con toda la fuerza de su rabia, mirando el sol que por vez primera en siglos hería cada surco de su faz. Y el céfiro de la tarde llevó su última Palabra entre sus dedos: poesía.

miércoles, enero 31, 2007

Sueño

Me detengo por un instante a tomar un poco de aire, y observo fijamente la gota de sudor que baja lentamente por tu cuello, pecho, vientre y caderas, hasta fundirse con la sábana ya húmeda de incontables gotas de sudor que, antes que ella, resbalaran por nuestros cuerpos. Un impulso súbito me hace recorrer lentamente el camino seguido y trazado en tu cuerpo por esa gota, néctar salado, inversamente. Comienzo en tus caderas, mis labios buscando frenéticos el camino de sal, tu camino. Beso la redondez de tus nalgas y bebo, sorbo, lamo, otra gota que lentamente recorre el camino trazado por muchas más, como aderezo al manjar ofrecido en tu bandeja de carne, en plato de pasión. Miras, y el reflejo de tus suspiros bailan cadenciosos bajo la luz tenue de una vela en el infinito de espejos que multiplican nuestras miradas, nuestros roces, nuestro ardor. Subo por tu cuerpo, como sube en ofrenda de olor grato tu aroma de rosa en noche sin luna, mi lengua trazando surcos concéntricos de saliva alrededor de tu ombligo, seno, pezón. Tus manos buscan desesperadamente asirte a mi espalda, desgarrar mi piel, unirte a mi carne, bañarte con mi sangre. Busco (y buscas), en tu cuello el alivio al peso ligero que siento bajo mi vientre. Te sumerges en mi pecho, tu lengua como sierpe ansiosa revuelve mi piel, desordena mis poros y desciende lentamente a mi infierno, avivando con cada beso las brasas que me atormentan, aumentando mi calor, mi lloro y mi crujir de dientes. Un frío me envuelve, me abraza, crece desde el centro de mi nada y me pierdo flotando en tus labios por sobre un abismo. Y tu saliva dulce se mezcla con la sal de mi cuerpo que lentamente fluye, gota a gota, hasta tu cuerpo, uniéndonos.

La llama tenue de la vela titubea casi imperceptiblemente, y como piedra lanzada al lago de los espejos nuestras imágenes se rompen y se unen, bailando una danza frenética, como de muerte. Tus ojos exhalan una mirada de miedo, de deseo. Tu pelo nace, como la noche, negro y húmedo de mi pecho. Nuestros cuerpos pulsan al compás de nuestros corazones, al unísono, mientras se funden lentamente, tu carne y mi carne, como un solo quejido, un solo suspiro.

Navegamos en un mar de lujuria y placer. A veces en calma, a veces en tormenta, pero siempre a la deriva, tras ese horizonte siempre lejano que nos llama y nos hala como un imán poderoso. Cabalgas sobre mi cuerpo, domando ese desenfreno que crece en medio de nuestros cuerpos, nuestro cuerpo, incontenible. De repente, las sombras danzantes se desvanecen en una explosión de luz que nace de las entrañas y se multiplica y se derama sin control en una loca carrera sin final donde todo da vueltas y el tiempo se detiene, fluyendo lentamente, gota a gota. Y la vida vuelve a correr en nuestras venas.

Me volteo soñoliento hacia la pared, tratando de conservar en un suspiro tu imagen que lentamente se desvanece en la bruma amartelada de tu recuerdo. Y empapo de sudor cristalino las sábanas llenas de sueños, por tí.

jueves, enero 25, 2007

Amorallado

Hay un abismo colgado
en la penumbra de mi cama,
alrededor de ese cuerpo
dormido que jura ser mío.

Abandono la Noche.

Y una paloma errante
golpea sin sorpresa ese
cristal que divide,
casi sin pretensiones,
el silencio que emana
de un ronquido solitario.

domingo, enero 21, 2007

Dos lágrimas blancas

. . .Venía cansada, de recorrer el mundo sobremarino, de llevar en mis alas el peso de las aves y el sabor disuelto de la sal en un mar aéreo. Veo, gozosa, cómo se perfila la línea de la playa, con su frontera de palmas invitándome a hozar en ellas. En un peñón grande y gris que resiste las embestidas del otro mar y yo, veo a un huerco joven, de mirada ronca y sonrisa rojiza, de cara al otro mar. Me acerqué, como tímida al principio para no asustarlo. Entonces, me metí entre sus cabellos y mientras me perdía y volvía y salía y entraba otra vez era todo un revuelo piloso y él no se enteraba y entonces acariciando en espiral descendente toqué su oído y susurré suavemente qué te pasa pero él seguía llorando y preguntando por qué, por qué. ¡No llores! Y el deseo de consolar me hizo remolino que cubrió lentamente su cuerpo. ¡Por favor! Y el deseo de aliviar me empujó dentro de su ropa y camisa, tocaba su faz de llanto en una caricia inútil, constante. Y la desesperación me convirtió en ciclón bíblico, capaz de barrer de sobre la tierra toda causa de llanto y dolor. Las palmeras me rindieron pleitesía y las aves huyeron temerosas y el otro mar empezó a rugir y el ritmo y la altura y la fuerza de sus olas contra la peña aumentó pensando que había llegado la hora de jugar su rol apocalíptico. Entonces despertó. Y la fuerza huracanada de mi ternura se disipó en una súplica. Y el mar de agua descansó otra vez, sabiendo que su sello no había sido roto todavía. Sólo el cáliz del vino amargo reflejaba en su espíritu embriagante las nubes asustadas por ese conato de apoteosis final. Levantó su triste mirada al horizonte, a lo lejos, mientras sus lágrimas fluían en violencia serena. Me acerqué para secar sus lágrimas de sangre con mis manos de aire. ¿Qué te pasa? Y la consternación reflejó en sus ojos la más intensa agonía. Se hundió, se murió... ¿Quién, dices? Mi estrella... se apagó. ¿Qué estrella? Era ella, lo sabía, había jurado que después de su muerte aparecería. Y brilló para todos como lo hizo en mi vida. Cayó fugazmente y se hundió en el mar nocturno como murió en mí, murió para todos. ¿Lloras por una estrella? Sí, era ella. . . y murió. . .

. . .Era el comienzo de la segunda vigilia cuando sentí en mi seno la cosquilla incandescente que produjo su caída. Reflejaba en un brillo intenso su desesperación. Caía, y trataba inútilmente de aferrarse a mi manto. ¿A dónde vas? Y un temeroso no sé me contestó. La seguí en su caída por la dulzura de su brillo embriagante. La seguí, hasta que cayó al mar de agua. Y allí apagó su fuego celeste y se durmió, cansada y asustada. Yo la acaricié y la arrullé como arrullo a los caracoles marinos. Tuvo un sueño inquieto de amar sin amar o una vela consumiéndose por la llama del tiempo. Fue su sueño como ella, fugaz y un recuerdo eterno. Despertó sollozante en su lecho azul de hierbas marinas y yo le dije ¡hola! y ella ¿dónde estoy? y yo en otro cielo, no te asuste su alborozo. ¡Quiero volver! No puedes. ¿Por qué? Sólo los que conservan su brillo logran volver. . . ¿Y volvió? No temas, seca tus ojos y guarda las lágrimas lloradas en el cáliz azul del alma, porque de eso es hecho el amor. ¡Sólo tantas lágrimas puedo llorar hasta que el dolor haya pasado! Entonces podrás decir que tu amor vivirá para siempre. . .

. . .Y una noche, una tarde, una mañana. . . la estrellita sintió deseos de volar, de elevarse, por sobre encima del mar y los delfines y las gaviotas y recostarse sobre un nuevo lecho de hierbas aéreas, de extender su luminiscencia naciente por cada rincón del alma terráquea. De sentir en sus venas intangibles la evaporación de la gota en la rosa sensual. Y de crecer, crecer, crecer y desnudarse rompiendo sus vestiduras de náufraga, enseñando a todos, alborazada, su desnudez solar. Asombrada, vió cómo los caracoles marinos, los peces escurridizos, los tímidos delfines, las gaviotas sumidas en su dolor inmóvil y las olas intranquilas de ese otro cielo en que había caído se juntaban para decirle adiós en un coro marino que semejaban siluetas de sombras en días de añoro y tristezas. Arriba, las estrellas y la Luna parecían huir de su grandeza, la que recién acababa de empezar a sentir y que aun dominaba sus deseos de saltar con sus hermanas. Lentamente, se sentía hinchándose de gloria y de poder, mientras un rayo transmitía en grito de calor he llegado. . .

. . .Mientras abajo, en una piedra embestida por la furia serena del mar, un joven contemplaba el amanecer, llorando. Y la brisa la susurraba al oído, ¿lo ves? Y él sí, puedo sentir sus rayos y su calor sobre mi cuerpo. Toma, seca tus lágrimas, y le tendió un dedo de aire para dos lágrimas blancas. . .

domingo, enero 14, 2007

Cronóstico

Sé que llegaba la hora por la erección puntual. Vuelvo el cuerpo hacia la ventana con el ánimo concentrado en mi mano soñolienta y un quizás despertado. Sin duda, hubiera deseado empujar la mañana al oficio de sombra.

1. Repaso la sonrisa, algunas onzas de menta artificiada.


2. Amordazo colores a mi piel.


3. Reclamo el camino con varios buenos días consuetudinarios.

4. Llego.

El rugido del aire zarandea la rutina cúbica. Una tras otra las ideas se deslizan hacia el olvido acompañadas por cierto rigor esperanzado. O sea, patético.

Se emprende el regreso.

Los mismos pasos (buenos días extintos) componen la audiencia en solidaria mudez. ¡Cuántas historias invernadas se inconcluyen con la mirada!

Desamordazo la piel.

No hay elección.

Apago la luz. Con duda. Sólo habrá de ese hado: empujarla. Mañana de vuelta al orificio de sombra.

miércoles, enero 10, 2007

Traición de un momento

Unos ojos me miran desde una distancia aguda, a través del humo que envuelve este antro de almas en búsqueda de placer liviano. Devuelvo una tímida sonrisa y tu recuerdo traiciona el momento. Has muerto, murmuro para mis adentros mientras intento cruzar imperceptiblemente ese charco de miradas furtivas. Camina hacia mí abriéndose paso entre los desconocidos con su tamboleo de caderas hambrientas. Disipas el humo que envuelve tu presencia hasta llegar desde esa distancia de olvido. Un hola me sobresalta. Aparto la mirada para reponerme e intercedes mi intento replicante. Siento su sonrisa clavarse en mi espalda, como presagio fugaz de una noche eterna. Miro mis manos y aferro a la palabra como si no hubiera caprichos de un recuerdo inmemoriable. Me vuelvo y le espeto otra sonrisa como preludio de lo posible. Alzo mi copa hasta sus labios húmedos de deseo y musito un gesto de irnos. Una caricia recorre suavemente mi cuerpo sonreído y nos alejamos tomados de la mano.

Te echo a un lado, presto a deshacerte de la misma manera en que aprendimos a hacernos. Una gota de rabia baja mi sien siniestra mientras sus labios diestros recorren cien veces mi cuello. Un beso carcomido en la distancia resuena en mi oreja por la punta de su lengua y su tibio aliento susurra tu nombre. Acerco su cuerpo al mío, intentando alejarte de mí. Siento el roce de tus pechos y su mano explora el inicio de mis nalgas. Me empujas sorpresivamente y caigo de espaldas sobre el colchón alquilado. Mi sexo apunta a su sonrisa que se acerca certera hasta él y lo engulle.

Subes y bajas rítmicamente e intento detenerla agarrando con fuerza tu pelo. Entrelazo mis dedos y la domino, la domo, la arrastro hasta donde quiero sentir tu lengua dejar un tibio rastro. Sus ojos me miran lascivamente mientras intentas tragarme con sus labios encarnados. Retiras mi prepucio, y en un acto conciliatorio deja escapar un hilo contínuo de saliva que cae primero sobre, y luego se desborda por el largo de mi falo y sigues y sigue escupiendo hasta rebasar la geografía testicular y vertirse, tímidamente, en la raja recóndita de mi cuerpo. Me sonríes desde el hilo de saliva que cuelga de sus comisuras. Le sujeto los hombros y te empujo contra el colchón. Me pregunto secretamente cuántas personas habrán clavado sus recuerdos en él.

Pongo un pie a cada lado de su cuerpo tumbado. Un manto de saliva tibia, espesa, cubre brillante el falo erecto y te ríes burlonamente. Me acluclillo sobre sus senos puntiagudos y te agarro bruscamente del pelo y la traigo hasta mí. Toma te ordeno mientras golpeo sin pena y con pene su cara. Me miras a los ojos y lo agarra en un mordisco ligero que me estremece hasta el tuétano de mis entrañas. Acuclillado sobre tus senos, rodea mis nalgas con sus manos afiladas y me empujas apremiante hacia el fondo de su garganta, tragándome todo.

El acto destella frente a mis ojos como una imagen fija a tu cuerpo. Centellean sensaciones afloradas en la penumbra de un cuartucho alquilado para el desgaste de nuestra lujuria. Nuestra, la que ya no está, la que tal vez en otro cuartucho alquilado sucumbió al derrumbe también. Tu cuerpo, que recuerdo tragándome, el mío, que traga tu recuerdo.

Me desmonto de sus senos puntiagudos y me echo de espaldas sobre las pupilas sangrientas de la fe en mí mismo. Te agarro la mano y ríe, tal como reías bajo el roce de mis labios. Ven, murmuro al muro que me separa de tí y monta su cuerpo sobre el mío, como amazona en celo. Siento su humedad pulsar sobre mi deseo, bajando rítmicamente a cada latido de tu sexo. Explotas en un grito tibio que la desborda hasta bajar por mi piel erizada. Y me erizas en un sol que eclipsa toda visión que me viene de adentro hasta brotar en gemidos de ansias de llenarte toda, con cada gota, con cada espasmo, con cada suspiro que me aprieta el alma.

Descansa su cabeza sobre mi pecho moribundo, y tus dedos recorren sin dirección mis labios sudorosos. Me mira a los ojos…, y veo en ellos que me sonríes desde un recuerdo marchito.

martes, enero 02, 2007

Retorno

En esta planicie
del no llores se
desliza el andén
arremolinado
de un está bien
vestido de dudas.


Pamplona, 7 V 05

jueves, diciembre 28, 2006

A un olvido iluso

Dices que has olvidado hasta el recuerdo…
Ese momento fugaz en que sólo sabes de ausencia
palpita en mi rostro, como un golpe de inercia,
que me lleva sangrando al patíbulo en que nací.

Hoy, recuerdo tu olvido como ese abrazo tierno
en que concubimos estas ganas de matar
esas ganas de vivir, con la frente amanecida
y, el sol supurando distancias sobre el Destino.

Dejaré mañana de conjurar el intento
de escandir esta memoria escaldada
que, maltrecha, persigue emularnos
por toda la longitud del diccionario.

lunes, diciembre 18, 2006

Des(a)tino

Basta.

No me preguntes
si el Olvido perdió
su sombra.

Tampoco si la Sombra
adormecerá al vacío.

O si el Vacío relató
su historia cernida
en un cronóstico.

Cuando los pasos perdidos
amordacen
nuestras siluetas inconclusas
(desde cualquier orilla),
nos sorprenderá
el hábito inútil
de ser Nada.

jueves, diciembre 07, 2006

Cronoscopía del alegato

Entonces
hubo palabras omnívoras,
endógenas, protozoarias,
vertebrales rondando
la primigenia crónica
de un resto ilusionado.

Luego,
esdrujulaciones subjuntivas,
pleonasmoríos, pluscuamperfecciones
y hasta algún septongo ocasional
sandunguearon la cierta
incertidumbre de los mañanas.

Al fin,

remanece la sombra,
la huella,
el Destino,
el vacío.

domingo, noviembre 26, 2006

El minotauro alado

Volaba sobre la planicie efímera de sueños y brumosidad. Llevaba sobre sus hombros peludos la pelada tristeza de su ser. Vírgenes y mártires no saciaban su sed perdida en laberínticas puñaladas tejidas en eternidad. Volaba. Sobre la efímera planicie de sueños brumosos. Pelaba sobre sus hombros la tristeza de su ser peludo. Volaba en círculos, como costumbre de engañosa rigidez ilusoria. Un bramido cubre la distancia y lentamente posa su pezuña sobre la brumosa planicie de sus sueños efímeros. Cargando sobre sus tristes hombros peludos la pelambrera de su ser.
Camina paso a paso, adelantando hendidos pies por la brumosidad somnífera que exhala de sus bestiales belfos vestidos de humana sordidez. Sordo a su propio suplicio enmarañado, vuelve la mirada buscona de héroes, o de llantos. Sintió en sus sórdidos belfos humanos la bestialidad somnífera que exhala de sus pies vestidos por la bruma. Mira sus alas enaltecido. Mártires vírgenes tejían con ellas su eterna sed de puñal en laberintos perdidos donde sólo él solía bramar. En círculos sempiternos, con el falo erguido, se acerca a la piedra bruñida donde descansa y le espera.
Gota a gota supura su deseo deslizante, brota en estertóreo suplicio continuo, suplicante. Deja un rastro humedecido a lo largo de su peludo cuerpo alargado que vierte un olor a salado discurso prístino y señala altivamente hacia adelante. Criatura onírica que camina por el laberinto eterno con el peludo falo extendido adueñándose del humedecido miedo a morir con su discurso estertóreo deslizado a lo largo del rastro prístino que altivamente vierte. Le espera. Rodillas y manos al suelo. Como virgen suplicante, o como mártir en suplicio. El minotauro extiende sus alas y brazos y brama en señal de conquista.
Suplica suplicio eterno. Rodillas y manos al suelo, yergue su ofrenda virgen para el martirio. Le late el roto ritual, de miedo o de espera. Una gota de sudor salado brota y baja alargándose en su camino al pozo suplicante del suplicio esperado. Posa una mano sobre sus caderas elevadas y abre victorioso la urna palpitante de miedo, o de vida. Espera con miedo el ritual con un latido roto. Roza con sus dedos animales la gota de sudor y la esparce en círculos concéntricos que laten al unísono, gota, dedo, falo animal, roto latente del rito esperado.
El falo infalible señala su camino hacia delante, con su gota colgante que se desliza y alarga sórdidamente sobre el espacio extendido entre él y su premio. Con la otra mano lo agarra lo estira lo exprime de su sórdida gota colgante y lo dirige sin prisa hacia su destino suplicante. Late el puñal escondido en su pecho, de miedo o súplica. El hilo salvador palpita a su vista. Sólo voltearse una vez más con su puñal certero y matar aquella bestia humana, aquel falo infalible que lo señala y martiriza con inmaginados suplicios insufribles, y salir de su laberinto erguido una vez más, con el falo cercenado en una mano, el puñal sangriento en otra y el corazón palpitando una súplica eterna. Late el puñal escondido en su pecho, suplicando cortar una vez más este martirio que se repite cada noche, cada día, cada hora, y salir triunfante ensangrentado con su propia sangre, bañarse en ella, restregar por su cuerpo alargado el falo cortado que supura sangre adormecida hasta vivir nuevamente y entrar al laberinto enmarañado de sus sueños y sobre la piedra bruñida esperar al minotauro alado de rodillas y manos al suelo, con un puñal latente en el pecho, suplicando alivio a este suplicio eterno, cada noche, cada día, cada hora.
Sin volverse, agarra el puñal palpitante en su pecho, volver a cortar, a matar esa cabeza taurina que ahora exhala sobre su espalda su tibio resoplo animal. De sus belfos humanos escapa un hilo salivoso (y mira en este instante su propio hilo tendido en el suelo, su camino a la salida victoriosa) y salado que cae sobre él, sobre el camino hendido que conduce certero hacia el roto que late al compás de un puñal escondido en el pecho. Llega el falo ominoso hasta la entrada falible, impenetrable. Se posa, descansa levemente y la gota colgante se mezcla con el sudor salado y el hilo salivoso que baja certero por su camino escondido.
Aprieta su puñal listo a cercenar, a matar una vez más ese minotauro alado y salir victorioso de otro laberinto siguiendo el hilo tendido con el puñal ensangrentado y el falo colgante y bañarse en su sangre palpitante, restregarse en entrega falible sangre animal, sangre que nace de su sangre, falo sangrado falo ensangrentado falo sangrante. Y volver a soñar que estás en un laberinto soñado esperando de rodillas y manos, como virgen en suplicio o como mártir suplicante. Sentir una vez más la fuerza que late del falo posado en tu súplica, en tu suplicio. Saber que el minotauro vuela con tus alas y nace de tu sangre, de la sangre vertida de su falo cercenado por tu puñal escondido, vez tras vez, infalible su falo retorna de tu falo a la muerte continua que le das, que te das. Mueres y te bañas en tu sangre, su sangre que brota estertórea del falo cortado en tu mano. Sientes por tus venas la fuerza que late de su falo, la súplica de tu suplicio eterno y sabes que volverá a nacer de ella, que el minotauro que sueña soy yo, y de mi sangre nace mi suplicio que suplica y la única forma de morir es matarla. Y la única forma de matarla es vivir con ella.
Agarra el puñal con la misma fuerza con que late su falo, tu falo, mi falo. Posado sobre la entrada falible, impenetrable, palpitando al unísono en espera de un ritual roto, o de un roto ritual. Empuja certero su entrada triunfante y cede el roto al rito esperado. Desliza suavemente su largo alargado y siente, sientes, siento el suplicio iniciado de mi muerte, tu muerte, su muerte. Aprieta, aprietas, aprieto el puñal escondido en mi pecho y me dejo poseer de mi falo, tu falo, su falo entrando en ese cuerpo rendido en medio del laberinto soñado de un minotauro alado. Siente, sientes, siento su resoplido tibio sobre la espalda y lentamente arropa con sus alas encarnadas ese cuerpo moribundo que posee, posees, poseo hasta morir. Agarro, agarras, agarra el puñal con fuerza mortecina y descubre, descubres, descubro su falo, tu falo, mi falo agarrado en mi pecho y con un bramido exploto, explotas, explota su cuerpo tendido en medio del laberinto soñado.
Y sigue, sigues, sigo el hilo húmedo que brota de él, hacia la brumosa salida donde me espera, te espera, le espera una doncella ensimismada en sueños de impenetrable ritual roto, un minotauro que extiende sus alas, y sale bramando de su laberinto.

miércoles, noviembre 01, 2006

Receta de la inmobilidad

Tome 2 cuartillos de nada,
mézclelos concienzudamente
con el aire que respire en su
mano izquierda. Mientras tanto,
ubique una esquina donde
pueda retozar el silencio
que se vaya produciendo.
A fuego bajo, o bajo fuego,
derrita lenta y sórdida toda
capacidad de juego. Vierta
sobre un molde de tierra y
sirva cuando muera.

lunes, octubre 09, 2006

Tema para una canción de Olvido

Recuerdo tu ausencia
deslizarse suavemente
a través de mi oreja
sangrante de rojo Olvido.

Y la premura con que
aborrezco esta presencia
sangrante revive tu
muerte hasta sacudirme
una vez más,
que no estás,
aunque te nombre
el Olvido.